Etanol de caña de azúcar: la solución sustentable para el transporte del futuro

Entrevista a Santiago Paz Brühl
CONSULTOR EN ENERGÍAS RENOVABLES Y SECTOR SUCROENERGÉTICO
ING. MECÁNICO-UNT, MBA-IESE (Universidad de Navarra).

¿Cuál es el presente y el futuro de las energías renovables, por ejemplo, en cuanto al transporte?
De la energía total que consume el planeta solo el 20% se consume como electricidad, gran parte la consume el transporte. Para eso hay que buscar soluciones sostenibles y esta es una vía en la que la industria sucroenergética tiene que posicionarse.
A nivel mundial tenemos el ejemplo de Noruega y Holanda, que ya prohibieron los automóviles de combustión interna (a nafta o gasoil) a partir de 2025, Inglaterra desde 2040. China está por definir en qué año deja de aceptarlo y lo mismo pasa en el resto de Europa. Por esto, las automotrices más grandes ya han puesto fecha final para la fabricación de automóviles de combustión interna.
El automóvil del futuro va a ser eléctrico, pero el quid de la cuestión es cómo se va a abastecer ese automóvil eléctrico.

¿A qué se refiere? ¿Cuáles son las variables que se analizan, sus pros y contras?
El auto eléctrico puede abastecerse con electricidad renovable, eólica, solar, pero como está concebido hoy lo hace con baterías, que tardan entre 2 y 12 horas para cargarse y que tienen una autonomía de 200 km. Por otro lado, el costo de la batería impacta en más de ⅔ del costo del auto. Ya existen otras soluciones que se están investigando, que proponen que la electricidad no provenga de las redes eléctricas, sino de las celdas de hidrógeno. ¿Cómo funciona? El vehículo cuenta con un dispositivo en que se carga hidrógeno y con el oxígeno de la atmósfera genera una reacción que produce electricidad en el mismo auto, es mucho más eficiente. El motor de combustión interna tiene una eficiencia de 30 o 40%, el resto se va en calor que se disipa en la atmósfera. La celda de hidrógeno de electricidad, en cambio, tiene una eficiencia que supera el 60%, es decir que con esa tecnología usando la misma cantidad de energía se duplica el funcionamiento o lo que es igual, se requiere la mitad de la energía. Pero el hidrógeno también tiene sus inconvenientes: necesitás toda una red de distribución totalmente distinta, el hidrógeno tiene que estar a más de 200 grados bajo cero, y a una mayor presión que el GNC, por lo tanto que no es una solución fácil ni inmediata.

¿Cuáles son las tecnologías para producción de energía que involucran a la caña de azúcar?
Hay tecnologías alternativas que involucran al sector sucroenergético. Nissan está probando un dispositivo que es un catalizador que obtiene hidrógeno a partir del etanol. La tecnología se llama SOFC. El funcionamiento consiste en poner ese catalizador como dispositivo adicional en el auto, cargar etanol líquido en cualquier estación de servicio y ese catalizador, con el etanol y con el oxígeno del aire, genera hidrógeno y dióxido de carbono neutro ambientalmente, porque es el que tomó la caña de la atmósfera. Entonces tenés una solución de un auto eléctrico.
Por lo tanto, es cierto que el auto eléctrico es el futuro y lo más probable es que la batería sea una tecnología de transición. De estos autos ya Nissan tiene prototipos, que presentó en las Olimpiadas de Brasil en 2016, que con 30 litros de etanol pueden andar hasta 600km. Con esta alternativa se resuelve el problema de autonomía que tiene la batería y el tiempo de recarga. Veo el gran futuro de la caña en esta vía.

El cambio climático es un eje fundamental en los congresos de casi todas las actividades del mundo ¿cómo explicamos la importancia de tratar este tema en este ISSCT Congress 2019?
En mi opinión hay 2 ejes que se juntan, por un lado, las bajas de demandas del azúcar y por otro todas las posibilidades energéticas que brinda la caña de azúcar y esto está vinculado íntimamente con el cambio climático.
El Congreso es un ámbito donde se pueden generar ideas fuerza, que nos motiven a pensar a futuro, que motiven a los políticos a ver que en esta actividad hay futuro, que apuesten por ella. No solo no atacarla, sino promover a la actividad. Lo más importante es tener el apoyo a nivel de políticas energéticas nacionales e internacionales.
El cambio climático lo estamos viendo, no es que se siente algo que no se haya sentido antes, sino que estas sequías, inundaciones, fenómenos climáticos extremos que antes se daban cada 50 años, ahora se ven cada 5 años. Aumenta la frecuencia y esto nos lleva a perder cosechas, por ejemplo, el año pasado la sequía nos hizo perder 30% de la cosecha de granos y hoy estamos sufriendo las consecuencias económicas en todo el país. También pueden generar el efecto inverso, con abundancia de lluvias que nunca se han dado y generan cosechas superabundantes, que hacen caer marcadamente los precios y quiebran toda la cadena productiva. Ambas son situaciones no deseables.
El cambio climático puede venir también como ola de frío: en el año 2013 hemos tenido nevadas sobre los cañaverales tucumanos y heladas que llegaron a Río de Janeiro. Uno puede tener una temperatura promedio anual más elevada, pero a cultivos como la caña, 4 horas de heladas severas pueden matarlo, pueden disminuir a la mitad la producción a pesar de que se tenga un invierno con temperaturas promedio más altas. Entonces el cambio climático afecta la seguridad alimentaria.

¿Cuál es la asociación entre dióxido de carbono (CO2) y temperatura?
Ante todo, cabe aclarar que el dióxido de carbono es el principal de los GEI (gases de efecto invernadero) y por ello se lo usa como referencia, pero hay varios otros. El CO2 se usa como unidad patrón, pero por ejemplo una molécula de metano (CH4) genera un efecto invernadero equivalente al de 24 moléculas de CO2.
En la era preindustrial, la concentración de CO2 en la atmósfera era 280 partes por millón. En año 2015 llegamos a 400 partes por millón, eso hizo que la temperatura promedio del planeta suba un grado. Los 3 últimos años han sido los más calientes de la historia. Si seguimos como hasta ahora, sin cambiar la matriz energética ¿qué nos espera? Llegar al año 2100 con arriba de 600 partes por millón de CO2. Eso implicaría una suba de la temperatura de 3 grados respecto de la era preindustrial. Por ende, tenemos que pensar que si con 1 grado ya estamos sufriendo las consecuencias que vemos (sequías, incendios, inundaciones, derretimientos de hielo polar, suba del nivel de los océanos) con 3 grados está en riesgo la existencia misma de la especie humana y de muchas especies.
Para explicarlo muy simplificadamente podemos decir que los rayos del sol rebotan en la tierra y salen. Si no hubiese gases de efecto invernadero en la atmósfera la temperatura de la tierra sería de 17° bajo cero. Entonces los gases filtran esos rayos y hacen que suba la temperatura de la tierra. En la era preindustrial los gases estaban en un equilibrio y la temperatura era razonable. Ahora, de los rayos que entran hay menos que puedan salir, y empiezan a calentar toda la atmósfera, el efecto en el clima es sensible y las consecuencias son drásticas. El cambio climático está asociado directamente con la concentración de carbono, y las energías fósiles son las principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero.

¿Y cómo está reaccionando la dirigencia política mundial?
Gracias a Dios la dirigencia ha tomado nota, a pesar de que hay algunas personas muy influyentes que son negacionistas por conveniencias particulares o sectoriales, niegan este efecto, pero es algo que está. A nivel de Naciones Unidas se hacen las cumbres de cambio climático. La de 2015 en París fue importantísima, allí se definieron pautas de lo que tienen que hacer los países para que no pase eso. Una es que tenemos que evitar que la temperatura suba más de 2 grados respecto de la era preindustrial, ideal sería que no suba más de 1,5° a 2100. Parece lejos, pero hay ya cosas que hacemos que tienen efecto a largo plazo. Para lograrlo sabemos que el consumo de combustibles fósiles tiene que caer en 2050 a la mitad de lo que consumimos hoy y tiene que caer a 0 en 2100. Por este motivo se estima que ⅔ de las reservas hoy conocidas de hidrocarburos fósiles tienen que quedar bajo tierra.

Suena impensado que los países estén dispuestos a “perder” sus reservas…
Antes del “ruido” del cambio climático algunos Estados guardaban sus reservas de petróleo; hoy están tratando de sacarlas como sea antes de que les “cierren los grifos”, para que sean otros los países que se queden con las reservas bajo tierra.
El planeta no va a dejar opción, a medida que se agrave el problema del cambio climático van a empezar las presiones para que esos hidrocarburos queden ahí o para que se generen soluciones técnicas que recapturen el carbono y vuelvan a meterlo bajo tierra. Pero no las conocemos… o de laboratorio las podemos tener, pero los costos serían tan elevados que sería inviable, y sería más viable dejarlo bajo tierra.

Se entiende bastante claro, pareciera que nadie podría estar en contra de la producción de bioenergías…
Sin embargo, hay sectores que están en contra de esto y plantean la disyuntiva alimento vs. energía, es decir, que no podemos destinar los cultivos a generar energía y hacer que la gente pase hambre. Yo cambio el punto de vista este… puesto que tenemos cambio climático y eso afecta nuestra seguridad alimentaria, tenemos que tener una reserva de cosecha dedicada a la energía. Cuando se ha tenido las condiciones adversas, priorizar siempre la alimentación, es decir que ahí se restringe el uso energético y se sustituye con fósiles; pero solo en esos casos.
El problema de la producción de alimentos no son los faltantes, sino los excedentes y todo el potencial de crecimiento que se tiene a nivel tecnológico en las cosechas. En Tucumán tenemos una variedad de caña transgénica que podría aumentar 20% la producción, pero está frenada por el efecto que podría tener en el mercado. El argumento es que si se la saca al mercado y el mercado mundial no paga lo que cuesta, se funde el mercado interno. No hay un problema de disponibilidad de alimento, sino de equilibrio entre la oferta y la demanda.

¿Cómo evalúa la situación del biocombustible en la región, sobre todo el caso de Brasil?
Los mercados que tienen más desarrollado el uso de etanol como combustible son EE. UU. y Brasil. Los demás, o no lo usan o tienen políticas que protegen a sus propias industrias y no hay mercado abierto. En EE. UU. hay una demanda desarrollada de alcohol a partir del maíz, y en Brasil la demanda es a partir del etanol de caña. En Brasil tienen la obligación de que el etanol esté en un 27% en la mezcla del combustible y en EE. UU. es un 10% por ley, pero sobre un mercado inmenso, por eso está tan desarrollado.
Entre 2005 y 2010 fue el boom de Brasil, abrieron cerca de 100 ingenios nuevos (para tener una referencia Argentina tiene 23). Luego entraron en una crisis parecida a la que hubo en Argentina: para frenar la inflación el gobierno congeló los precios de los combustibles, entró en crisis el sector y cerraron cerca de 100 ingenios (en general, los más viejos).
El precio del combustible en Brasil se rige por el poder energético que tiene el combustible. Por ejemplo, supongamos que con un litro de alcohol el auto recorre la misma distancia que con 0,7 litros de nafta; entonces si el precio del alcohol está por debajo del 70% de la nafta, el automovilista carga alcohol, pero si está por arriba, prefiere cargar nafta.
En esa ecuación no se tiene en cuenta algo fundamental, que es el impacto climático de cada uno de los combustibles. La nafta sale del petróleo, que se saca de las entrañas de la tierra. El petróleo es carbono que la naturaleza tardó millones de años en enterrar y fijarlo a grandes profundidades. Aquí se lo extrae, se lo larga a la atmósfera y nadie se ocupa de eso. Mientras que el alcohol es carbono neutro, el carbono que se emite en la combustión de alcohol es el que toma la planta para su crecimiento, es decir que no suma carbono a la atmósfera. Los brasileros al ver la magnitud de esta crisis hicieron el plan RenovaBio. Mediante este plan lo que hacen es obligar a las distribuidoras que venden combustibles fósiles, contaminantes, a que le compren bonos de carbono al que produce energía limpia. Con esto en parte se equilibra la ecuación. El que produce energía limpia va a poder emitir bonos que van a tener su mercado, van a tener que ir las distribuidoras a comprarles. Así se logran más ingresos para el alcohol y sube un poco el costo de los combustibles fósiles. Esto da más techo para que el alcohol sea competitivo.

¿Son los “impuestos verdes”?
Claro, en la jerga mundial se llama GREEN TAX, es decir cobrarle al que suma carbono a la atmósfera y no lo recapura, no lo vuelve a fijar en el suelo.
Uno de los ejes de este Congreso podría ser concientizar a los concurrentes sobre los beneficios de promover el GREEN TAX a nivel mundial, es decir, hacer que los combustibles fósiles paguen no solo su costo de producción, sino que paguen la reparación del daño ambiental que causan. Si se lograra eso, la demanda de todas las energías renovables crecería sin necesidad de que haya subsidios de por medio. Hoy dicen que es más barato hacer nafta que alcohol, evidentemente sí, pero porque en esa ecuación faltó poner un elemento importante que es el efecto climático.
Todos hemos asumido que el aire es gratis, y no lo es.

¿Cuál debería ser la política argentina respecto del precio del bioetanol?
El bioetanol es una ayuda imprescindible para la mitigación del cambio climático. Su promoción debería ser una política de Estado. La proyección a largo plazo requiere reglas de juego claras y estables. Lo ideal sería que haya simetría entre las políticas que actualmente promueven la producción nacional de hidrocarburos fósiles con las que se aplican al bioetanol.

¿Y en este contexto, cómo se calcula el precio de la caña?
El principal factor de costo tanto del azúcar como del etanol es la materia prima: la caña representa por lo menos un 60% del costo. Y el gobierno para establecer el costo de la materia prima, de la caña, usó un esquema de Maquila (que determina un equivalente en azúcar para la caña puesta en el ingenio), pero mal concebido porque tomó como referencia el precio interno del azúcar. ¿Qué pasa con el precio interno del azúcar? cuando se baja el precio del etanol o no se ajusta, la Argentina que tiene un 30% de excedentes, lo deriva a alcohol o lo exporta, pero si se congela el precio del alcohol desaparece el incentivo para fabricarlo y los productores hacen más azúcar. Entonces el precio baja por la saturación del mercado. Y al bajar el precio del azúcar, como el precio del etanol está conformado con una fórmula Maquila, hace bajar el precio del etanol, desincentivando todavía más su producción. Es lo que constituiría una referencia circular.

Para finalizar, desde la organización del Congreso se plantea como otro eje temático el Lobby antiazúcar. ¿Cuál es su opinión respecto al vínculo que algunos sectores establecen entre el consumo de azúcar y el incremento en los índices de obesidad?
Los hechos no demuestran esa asociación, la obesidad es una enfermedad compleja con causas mucho más profundas.
No es cierto que el consumo de azúcar sea el principal motivo o causa del aumento de la obesidad. Hay países cuyos habitantes en el año 1960 consumían unos 60 kilos per cápita y a través de legislaciones lograron bajar ese consumo a menos de 30 kilos per cápita sin lograr que los índices de obesidad bajaran: se mantuvieron ¡e incluso se incrementaron!
Es claro que un desbalance entre las energías que una persona incorpora y las que gasta puede producir obesidad. Pero no es una cuestión de azúcar sino de toda la dieta. El cambio de hábitos de vida de la población influye sobremanera, las migraciones hacia áreas urbanas, las comodidades de la tecnología, las horas que pasa la gente inmovilizada frente a pantallas de dispositivos electrónicos, todo esto favorece el sedentarismo, pero la gente sigue sin equilibrar la energía que insume con la que gasta.
La obesidad es un problema mundial y hay que combatirla. Desde el sector debemos contribuir a buscar las verdaderas causas y no permitir que se distraiga o confunda a la población mediante la demonización de un insumo como es el azúcar. Debemos comprender la problemática y perder el miedo a hablar abiertamente sobre estos temas.

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